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martes, 13 de octubre de 2020

Los códigos tangueros extintos de los raptores

 Los códigos tangueros extintos de los raptores


Y aprendí desde purrete que el que nace calavera
no se tuerce con la mala, ni tampoco es batidor…


La Ciencia va descubriendo que la causa determinante de la extinción de los grandes dinosaurios que dominaron nuestra Tierra, Tellus, mucho más tiempo que el que lleva la existencia del ser humano actual homo sapiens sapiens, fue la caída de un meteorito en la zona de Yucatán, en un área del Abya Yala, mal llamada América en honor a Américo Vespucio, que fue solamente uno de los tantos miles de filibusteros y saqueadores que lograron exterminar a la mayoría de los pobladores aborígenes por medio de su criminal explotación “cristiana”. Recientemente se han conocido detalles tales como la predilección de los evangelizadores ibéricos por las niñas aborígenes de 9 y 10 años como juguetes sexuales vivientes.
La unión Soviética, que obviamente fue el país que ganó la Segunda Guerra Mundial, perdió más de 26 millones de habitantes, en su mayoría civiles, más de una décima parte de su población, cosa que es monstruosa. Pero estos piratas cristianos europeos que asolaron estas tierras desde Alaska hasta Tierra del Fuego, ¡acabaron con la vida de unos 60 millones de aborígenes, cerca del 90 % de la población original…!
Pero volviendo a los dinosaurios, creo que debe haber sobrevivido alguna estirpe olvidada de raptores porque yo me siento descender de alguna de estas especies extinguidas.
Estimo que ondulaban entre esa estirpe los códigos tangueros de “..y aprendí desde purrete, que el que nace calavera, no se tuerce con la mala ni tampoco es batidor”2.
Entre esos códigos extintos como la especie de dinosaurios estaba el de no agredir con pullas indignas al congénere que se sabe que no va a responder con las mismas, y dejar los insultos, si es que alguna vez se utilizan, para el contacto personal, donde se necesita más del valor que el que se limita a oprimir el teclado de un celular o de una computadora. Estos raptores, tampoco eran “batidores” y las denuncias estimaban realizarlas de tres maneras:
1 En la seccional policial más cercana
2 En el juzgado penal correspondiente
3 En forma personal
Para las dos primeras, creo que se necesitarían pruebas, aunque no somos expertos, pero para la tercera se necesitan otra clase de elementos probatorios, llamados hormonas.
Entre los códigos prehistóricos también figuraba el de que jamás irías a aplaudir a quien agrede a tu hermano, por más ingeniosos cuentos de Caros y Glendas que éste pueda pergeñar.
Lamentablemente, supongo que esta especie de reptiles prehistóricos tenían un solo descendiente y por lo tanto sólo dos padres, aunque se dice que en ciertas ocasiones hasta podían ser hermafroditas y no tener entonces más que un solo progenitor, así que no creo que nadie pueda comprender actualmente estos códigos ni mucho menos compartirlos o solidarizarse con ellos.
La estirpe estaba desde el principio condenada a su extinción.

Ricardo Ferré
Lund, Suecia, setiembre de 2020



Bien pulenta
Carlos Waiss


Estoy hecho en el ambiente de muchachos calaveras,
entre guapos y malandras me hice taura pa' tallar,
me he jugado sin dar pifia en bulines y carpetas,
me enseñaron a ser vivo muchos vivos de verdad.
No me gustan los boliches que las copas charlan mucho
y entre tragos se deschava lo que nunca se pensó.
Yo conozco tantos hombres que eran vivos y eran duchos
y en la cruz de cuatro copas se comieron un garrón.

Yo nunca fui shusheta
de pinta y fulería,
y sé lo que es jugarse
la suerte a una baraja
si tengo un metejón.
Le escapo a ese chamuyo
fulero y confidente
de aquéllos que se sienten
amigos de ocasión.
Yo soy de aquellas horas
que laten dentro 'el pecho,
de minas seguidoras,
de hombres bien derechos
tallando tras cartón.

Siempre sé tener conducta por más contra que me busquen,
aunque muchos se embalurden que soy punto pa' currar,
ando chivo con la yuta porque tengo mi rebusque
y me aguanto cualquier copo con las cartas que me dan.
No me gusta avivar giles que después se me hacen contra,
acostumbro escuchar mucho, nunca fui conversador.
Y aprendí desde purrete que el que nace calavera
no se tuerce con la mala, ni tampoco es batidor.

1https://www.infobae.com/america/mexico/2019/06/01/la-conquista-provoco-la-muerte-de-casi-el-90-de-los-indigenas-consideran-historiadores/

2https://www.letras.com/carlos-waiss/795960/

miércoles, 19 de abril de 2017

Entrevista a Jorge Zabalza: entre el afuera y el adentro

Entrevista a Jorge Zabalza: entre el afuera y el adentro



Jorge Zabalza (JZ): En los ‘70 la política no se hacía desde el sillón parlamentario o el bureau institucional. El FA nació con las calles ardiendo de lucha popular, con la represión ensañada, castigando a obreros, estudiantes y vecinos organizados. Desde Maroñas a La Teja y el Cerro se reprodujeron formas de lucha que hoy parecen de otro planeta: liceos y hospitales populares, movimiento para no pagar a UTE, campamentos de desocupados, los ‘peludos’ marchando por todo el país, estudiantes acampando en fábricas ocupadas, comisiones vecinales de apoyo a los obreros en huelga. En la lucha se identificaba con claridad al enemigo: las 500 familias dueñas del Uruguay, el capital transnacional, las fuerzas armadas, el poder judicial, la policía que asesinaba militantes, los rompehuelgas, los parapoliciales, la embajada de los EEUU. Decenas de miles dejaron de ser espectadores pasivos y se transformaron en protagonistas activos de la vida política. Formaron el espacio político que rompió con el sistema imperante y reconoció la necesidad de revolucionarlo, que se identificó con la iconografía combativa de la revolución cubana y navegó en la corriente revolucionaria latinoamericana. En ese terreno se multiplicó un nuevo tipo de luchadores, ideológicamente inclinados a la acción directa de masas, que miraban con simpatía la lucha guerrillera y la auto-organización armada. El movimiento guerrillero creció y se desarrolló requerido por esos núcleos convencidos de que su única opción era armarse para luchar. La revolución no era un horizonte sino una cercanía, una posibilidad actual, ¡qué difícil hacerse entender hoy día con los espíritus tan aplacados que se vuelve imposible hablar de revolución!   

El fin de la pasividad del pueblo fue el fenómeno de carácter más revolucionario de todo el período 1968/73. En la lucha activa las bases sociales se fortalecieron, su espíritu se hizo tan fuerte que logró resistir indemne el terrorismo de Estado y resurgió incontenible en 1983. Fueron esas multitudes insurrectas las que dieron origen al Frente. En realidad, los comités frenteamplistas de 1971 eran apenas una nueva forma de organización de las bases ya movilizadas en los barrios y gremios. El ‘Frente-movimiento’ -con su subjetividad anti-sistema- nació casi espontáneamente, bastante antes que el ‘Frente-coalición’. Su existencia debió ser aceptada a regañadientes por algunos dirigentes que tenían pavor a la auto organización y la autonomía, y luego fue permanentemente ocultada o tergiversada en función de mezquinos y ‘políticamente correctos’ intereses.

Se leyeron en clave de asalto al poder las luchas populares, pero esa lectura no se supo traducir a una forma masiva de hacer política armada, no se encontraron formas guerrilleras que pudieran ser adoptadas por el movimiento popular, paso previo y necesario a la insurrección popular. Como la guerra de todo el pueblo en Vietnam, como el pueblo en armas de José Artigas. Era el problema esencial de la revolución en el Uruguay y el MLN (T) se lo planteó desde fines de 1968. No logró resolverlo nunca y, en consecuencia, fracasó en su proyecto político-militar.

No todos en el movimiento popular leían la coyuntura de la misma manera que el MLN (T). Había quienes pensaban que la táctica de radicalizar la lucha contra el sistema se salía de los carriles establecidos y se salteaba las etapas del esquema preceptuado por el dogma estalinista. De esa visión tan estructurada surgió la propuesta de avanzar en democracia hacia la democracia avanzada, trabalenguas que resumía la tesis acerca de la posibilidad de acceder al poder por la vía electoral y parlamentaria en acuerdo con una burguesía presumida nacional. El asalto al poder se debía posponer hasta que se dieran condiciones más favorables en el campo internacional, tal vez hasta que la URSS derrotara al imperialismo en la competencia económica. Los afiliados a esta tesis se dedicaron a contener la masificación de las ideas guerrilleras del ‘dos, tres...muchos Vietnam’, que consideraban incompatibles con la coexistencia pacifica con los EEUU. De todas maneras, pese a las tentativas de aplastarla a golpes de ‘unidad, unidad’, la batalla de ideas sobre las formas y métodos de lucha creó un torbellino que atravesó las organizaciones obreras, estudiantiles y vecinales .  

La brutalidad de Pacheco Areco también provocó el cisma que separó a las dos corrientes históricas del Partido Colorado: por un lado, los herederos de Julio César Grauert se agruparon en torno a Zelmar Michelini y el general Líber Seregni, rompieron con el gobierno autoritario y terminaron creando el Frente del Pueblo y, por el otro, los ‘colorados’ del mismo corte ideológico que Fructuoso Rivera, la ‘Defensa’ en la Guerra Grande, Venancio Flores y Lorenzo Latorre, cerraron filas detrás de Pacheco Areco y los grupos fascistas que lo rondaban. En el Partido Nacional se dio un fenómeno de características similares que alineó la derecha cavernícola alrededor del coronel Mario Aguerrondo -creador de la Logia Tenientes de Artigas en el ejército- y de M. Recaredo Etchegoyen, al tiempo que agrupó los sectores progresistas tras el liderazgo político e ideológico de Wilson Ferreira Aldunate. Engendrado por el pueblo que se movía y luchaba, el Frente Amplio nació gracias al poder de convocatoria de Zelmar y Seregni, cuyas influencias fueron decisivas para la concreción del proyecto.
  
Durante meses la política con armas había desplazado a la política electoral del centro de la atención pública, pero la progresiva militarización de las acciones guerrilleras y el apartarse del entendimiento popular, se tradujo en un fuerte deseo de detener el sacrificio y el derramamiento de sangre. En el imaginario popular la apertura de un camino alternativo a la guerra civil se sintió como un alivio a la tensión. ¿Cómo desconocer esas esperanzas? Era imposible soslayar el fenómeno de indudable carácter popular, que introducía un nuevo actor y determinaba una nueva coyuntura. La oferta de recomponer el país de los amortiguadores de modo que hiciera posible ‘el cambio revolucionario en paz’ canalizó la lucha popular hacia lo electoral y lo parlamentario, viraje decisivo de la subjetividad popular que el MLN (T) contempló al apoyar críticamente el nacimiento del Frente Amplio, pero que desconoció al persistir en la militarización de su accionar político. El desarrollo de la coalición no se detendría, independientemente de la voluntad del MLN (T). Raúl Sendic fue el principal promotor del “apoyo crítico” al FA con el propósito de evitar el aislamiento de la guerrilla tupamara y la caída en posturas sectarias respecto a otras fuerzas de izquierda. Por el contrario, dividir la izquierda y obstaculizar la creación del FA sólo traería desánimo y decepción en el movimiento popular, un clima muy poco propicio para continuar haciendo política con armas.

El MLN (T) entendió públicamente que (…) “no creemos, honestamente, que en el Uruguay, hoy, se pueda llegar a la revolución por las elecciones. No es válido trasladar las experiencias de otros países”. Pese a su congénita desconfianza hacia lo electoral, entendió que era bienvenida “la unión de fuerzas populares tan importantes, aunque lamentamos que esta unión se haya dado precisamente con motivo de las elecciones y no antes. (...) Al apoyar al Frente Amplio, entonces, lo hacemos en el entendido de que su tarea principal debe ser la movilización de las masas trabajadoras y de que su labor dentro de las mismas no empieza ni termina con las elecciones (...) La lucha armada y clandestina de los tupamaros no se detiene”. El ‘Movimiento de Independientes 26 de Marzo’ agrupó la consciencia insurgente, que veía las elecciones de 1971 como un paso inevitable camino a la insurrección popular. La lucha armada no se detuvo, es cierto, pero la historia enseña que en adelante predominaron las urnas y el palacio legislativo sobre las formas de acción directa y se adormecieron las ideas de lucha revolucionaria.  

HI: ¿Cuáles son las razones que tiene el MLN a la salida de la dictadura para ingresar al FA?

JZ:  En 1985 las y los liberados buscaron reorganizar su identidad tupamara, más por instinto de supervivencia que tras un programa o proyecto político definido. Por el contrario, la dispersión en las cárceles y el exilio produjo más de una docena de proyectos diferentes, todos ellos aspirantes a hegemonizar la reorganización. Además, el aquelarre aquél de los primeros días fue tironeado por impulsos contradictorios, de un lado el deseo de reincorporarse organizadamente a la vida política, mientras que del otro, el escepticismo congénito de los tupas hacia la democracia formal se resistía a aceptar de buenas a primeras el régimen instalado luego del Club Naval. Deseo y escepticismo fueron determinando oscilaciones en el pensamiento y actitudes de cada liberado y cada liberada.

A medias empujados por el movimiento popular y con su impunidad asegurada por el Pacto del Club Naval, los milicos se replegaron ordenadamente a los cuarteles. Desde su atalaya vigilaban y controlaban las fuerzas populares que los habían rechazado en el NO de 1980 y en el Río de Libertad de 1983. Conservaron intactas sus fuerzas, su cadena de mando y su estructura ideológica, sujetando a la tutela militar la ‘democracia a lo Sanguinetti’. Por otra parte, la reconquista de algunas libertades sindicales y populares creaban la sensación de que habría democracia para rato... aunque fuera tutelada. El híbrido político que bosquejamos en 1985, resultaba de la cruza entre el respeto hacia el sentimiento popular de haber reconquistado la democracia y la necesidad de defenderse de los tuteladores. El espanto que causaba la serpiente enroscada en los cuarteles apresuró los acuerdos entre los reorganizadores del MLN (T). La profecía del acto del Franzini sobre la posibilidad cierta de malones cuarteleros no era ninguna locura. Los ‘carapintadas’ se encargarían de confirmarla.

La crítica al militarismo del pasado ayudó a concebir la organización del futuro como instrumento para el desarrollo de un movimiento de masas capaz de resistir los malones fascistas que avistábamos en el horizonte. Ya no creíamos en un aparato armado-ombligo del mundo, sino en una revolución que suponía el florecimiento de las ideas de poder popular y que, en 1985, pasaba por la transmisión del alerta a través de la militancia inserta en sindicatos, cooperativas, gremios y organizaciones vecinales. Las experiencias de movilización bajo dictadura y la concepción de poder popular llevaban a confiar en la capacidad de iniciativa y auto-organización de la gente. Raúl Sendic planteó que la unidad debía re-surgir desde las bases sociales, porque “tal vez lo que los dirigentes no consigan lo logremos trabajando desde abajo, pacientemente, codo a codo con hombres y mujeres de diferentes tendencias” (Acto del Franzini, 19/12/1987). Propuso un Frente Grande no para ganar elecciones sino para movilizarse por el programa popular, para distribuir las tierras y mejorar la vida de los trabajadores rurales, para terminar con la banca extranjera y con la sangría de la deuda externa, para un aumento general del salario que traiga el ensanchamiento del mercado interno. Un Frente Grande para unirnos sin exclusiones, pero no para transar, ni para transar con el que transa. ¡Un Frente Grande de imbancables!

También fue cierto que, al abrirse las cárceles, zambullimos en el mar de emociones y sentimientos frenteamplistas que sobrevivió el estigma, las persecuciones y el terrorismo. El movimiento popular sentía que las banderas de la reconquista y la esperanza eran tricolores y que el Frente era el lugar hacia donde convergían en masa tanto lo más progresista del país como parte de la  militancia que pretendía revoluciones. Además, de la crítica del pasado, la mayoría de los tupamaros habíamos inferido que en el tercer mundo las revoluciones se organizarían en forma de frentes. El Frente Grande contenía y generalizaba el proyecto de cambio popular que representaba electoralmente el Frente Amplio. Estas consideraciones, muy diferentes a las de 1971, llevaron a pasar del apoyo crítico a pensar en la incorporación lisa y llana a la coalición. Aún así, en el debate interno no hubo unanimidades y una minoría del Comité Central consideramos que se debía postergar el pedido de ingreso hasta que el MLN (T) alcanzara el peso social suficiente para hacerse escuchar con atención. En concreto, antes de ingresar se debía consolidar la influencia de las agrupaciones ampliadas en el movimiento social y el desarrollo del frente grande. También era cierto que mucha gente vinculada a los tupamaros ya integraba los comités de base antes de 1985, sin sentir que se opusieran su militancia frenteamplista y la disciplina a ese MLN (T) que ayudaban a reorganizar. Por aclamación se decidió pedir el ingreso el 11 de abril de 1986 en un Palacio Peñarol repleto de militancia tupamara. Fue mayoría la voluntad de ingresar al Frente Amplio pese a ser sumamente críticos de su ya evidente retroceso hacia las políticas conciliadoras.

Los meses que transcurrieron entre la ley de impunidad (22/12/86) y el plebiscito del Voto Verde (19/04/89) estuvieron signados por la militancia de los núcleos más activos. Fueron tiempos de agitación del ‘juicio y castigo a los culpables’, de la recolección y de la defensa de las firmas contra la ley de impunidad y, finalmente, de la campaña por el Voto Verde en los primeros meses de 1989. También fue un período álgido de la lucha sindical -Sanguinetti se vanaglorió de no haber perdido ni un conflicto- y de las ocupaciones de tierras para vivir, algunas organizadas, otras espontáneas. La lucha social creó un punto de encuentro para la militancia radical, ya fuera organizada en partidos o actuando individualmente. La confluencia se cruzó con la necesidad de crear un polo ideológico revolucionario para contrarrestar el retroceso general y, en consecuencia, como expresión de lo más radical y combativo surgió el Movimiento de Participación Popular. Quién diría que la radicalidad combativa haya sido el origen de este MPP esclerosado, aparato que respalda ciegamente las medidas más impopulares del progresismo. El calendario electoral apresuró su lanzamiento formal que tuvo lugar el 6 de abril de 1989 y con el Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO), el Partido Comunista Revolucionario (PCR), el MLN (T) y muchos militantes independientes entre los que se destacaban Helios Sarthou, Carlos M. Gutiérrez, Jorge Durán Mattos, Marcos Abelenda, Daniel Olesker, Juan Chenlo.

Recién entonces, luego de la demostración de fuerza que significó la creación del MPP, se logró superar la oposición al ingreso del MLN (T) al Frente Amplio, tanto la pública y transparente de los demócratas cristianos como la opaca y solapada del estalinismo criollo. La lucha contra la impunidad, donde la militancia de base cobró una fundamental importancia, sirvió para disimular las concesiones y retrocesos del Frente Amplio. La desconfianza de Raúl Sendic hacia la conducción frenteamplista se transmitía en forma de Frente Grande, mientras que en otras y otros tupas, esa misma desconfianza tomó forma de polo ideológico revolucionario. Un tercer agrupamiento dentro del MLN(T) ya estaba carburando la idea de subirse al carro de la conciliación de clases y tomar sus riendas, estrategia que se concretó en los años siguientes.


HI: ¿Cuales son los motivos por los cuales abandonás el FA?

JZ: Intrincada madeja. No fue una decisión individual. Hubieron varias esquinas sin retorno que luego de dobladas fueron marcando la línea recta del alejamiento. En realidad nos expulsaron del MLN-MPP, cuando la mayoría se había incorporado al retroceso ideológico, cuestión hoy muy evidente por cierto. Al igual que en toda la historia, las diferencias de concepción surgieron en la discusión concreta de los acontecimientos, donde las actitudes de cada uno decían mucho más que su discurso. Los sermones ‘izquierdosos’ se utilizaban -se utilizan- para encubrir hechos que arrimaban los apóstatas a los dueños de todo y, especialmente, a los militares defensores de la impunidad.

Conviene empezar por el análisis la marejada de ocupaciones de terrenos de 1988/89, un hecho social definitorio. El encarecimiento del costo de la tierra en las zonas urbanas con mejores servicios, obligó a emigrar a quienes no podían pagar alquileres o las cuotas del banco hipotecario. Muchos se fueron del país, pero otros terminaron repoblando las periferias de las ciudades. Asimismo, esa crisis en los bolsillos con ingresos fijos hizo crecer y reproducirse la venta ambulante: la gente salió en masa a vender lo que podía. Desde el gobierno se exigió que los damnificados por la política económica resolvieran sus angustias en orden, haciendo cola en los mostradores institucionales. En 1990 el pueblo había concretado sus esperanzas logrando que ‘nuestro’ Frente Amplio gobernara Montevideo y, naturalmente, quienes vivían irregularmente en los asentamientos y quienes vendían irregularmente en las veredas, esperaban el inicio de una nueva era, de ‘nuestra’ era. Más a la corta que a la larga pudieron comprobar que la descentralización, la cartera municipal de tierras y el banco de materiales no marchaban rumbo a la formación de un pueblo en condiciones de gobernarse a sí mismo. Que la regularización de la venta callejera era un instrumento de control y recaudación. Que la descentralización no era el traslado de poder a los vecinos sino la mera desconcentración del pizarrón de quinielas. Por el contrario, con la llamada ‘actualización ideológica’ se disfrazaba de izquierda la aplicación del esquema ‘neoliberalismo con asistencialismo social’ que, en los hechos aunque no en las palabras, significaba la institucionalización de un pensamiento antipopular. La represión municipal a los vendedores ambulantes y a los vecinos que ocupaban terrenos fueron gestos  para ganarse las simpatías de los poderosos, las intendencias Tabaré-Arana prefiguraron y anticiparon los gobiernos de Tabaré-Mujica-Astori.

El Frente Amplio solamente permitía el debate en los organismos de conducción que controlaban Tabaré-Astori; el autoritarismo en la interna no soportaba que las disidencias internas se expresaran muscularmente o votando aparte de la bancada en el parlamento nacional o en el departamental. Estaba prohibido manifestar descontento cuando Tabaré entregaba las llaves de la ciudad al asesino George Bush (padre). Si bien en el MLN-MPP dominaban los sentimientos de solidaridad, las exigencias prácticas alimentaron la idea de jugar al achique: las olas disidentes debían ser pocas, chicas y mansas para no  perjudicar la campaña electoral de Tabaré. Como les encantaba ‘estar’ donde se corta el bacalao, la crítica y la lucha de ideas debía ser dada con ‘lealtad’ hacia los socios coaligados, aunque ellos implicara deslealtad hacia las expectativas y las luchas de los trabajadores o de los vecinos organizados. Los sectores más conservadores del Frente debían sentir seguros con el MLN-MPP, precisaban garantías disciplinarias de antemano y, a cambio, le permitirían algunas pataletas para mantener contenta la gilada.  Era la  manera en que el Frente Amplio se convertiría en otro partido del orden burgués, totalmente distanciado de los sectores descartados por el capitalismo.

Puede parecer aberrante pero, de hecho, el Frente se oponía en lo nacional a las políticas privatizadoras que justificaba en la intendencia montevideana. Fue larga y enconada la lucha para mantener en la esfera estatal pública la propiedad del histórico Hotel y Casino Carrasco. En 1997 provocó la renuncia de Tabaré Vázquez a la presidencia del FA y la excomunión del presidente de la Junta Departamental por haber votado contra el proyecto presentado por Mariano Arana. De todas maneras las privatizaciones se multiplicaron en el ámbito municipal y finalmente, durante el gobierno de Ricardo Erlich, el Carrasco pasó a manos privadas en las cuales vegeta inútilmente. Ambos fenómenos, ocupaciones y privatizaciones municipales, despertaron demonios y fantasmas no sólo en la derecha y, lenta y paulatinamente, amansaron los leones desdentados, que se incorporaron sin escrúpulos a la línea de la contrarreforma agraria y de la pleitesía frente al capital extranjero.

El grupo de militantes encabezado notoriamente por Helios Sarthou rechazamos el disciplinamiento de la expresión política. Expresábamos la solidaridad compartiendo calle y palos con los ambulantes y ocupando con los ocupantes, defendiéndolos en los desalojos fuera quien fuera que los desalojaba. Recíprocamente los descartados nos fueron transfiriendo su irritación e intransigencia, fuimos endureciendo el discurso y la actitud que ya venían endurecidas de la lucha por el Voto Verde.  A los feligreses más crédulos les incomodaba el ojo crítico y la desobediencia indebida. Nos volvimos ‘asquerosos’. Las privatizaciones municipales sellaron la domesticación final del MLN-MPP que, en consecuencia, como demostración de buena fe, se sintió obligado a expulsar de sus filas la disidencia indomesticable.

Personalmente sentí haber fracasado en dos aspectos sustanciales: en primer lugar, en los esfuerzos por crear una organización de asentamientos al estilo FUCVAM y un movimiento que centralizara los reclamos de la venta callejera. La tentativa ratificó que no es posible organizar la lucha social desde las instituciones estatales. En segundo lugar, fracasé en divulgar y convencer del giro a la derecha del MLN-MPP, nadie creía que tamaña hipocresía fuera posible en quienes habían sufrido calabozos por sus ideas revolucionarias. Ambos hechos repercutieron con mucha contundencia en mi ánimo y me hicieron poner en dudas mis capacidades para contribuir a una acumulación de fuerzas con sentido revolucionario. Me dediqué a ganarme la vida como carnicero.

Sin embargo, la infidelidad que motivó el divorcio ideológico tuvo lugar el martes 24 agosto de 1994. A consecuencia de las ideas separadas llegaría más tarde el divorcio político-organizativo. Esa mañana el PITCNT declaró paro general y convocó a concentrarse alrededor del Hospital Filtro para manifestar solidaridad con los vascos en huelga de hambre seca. Lacalle los extraditó al estado Español y la tortura. El transporte aéreo ya había aterrizado en Carrasco. Los ‘radicales’ habíamos mantenido una vigilia en la calle. FUCVAM se sumó al movimiento. Difundieron CX 44 Radio Panamericana y CX 36 Radio Centenario y la concentración se volvió masiva. Ese mediodía la Mesa Política del FA concurrió en pleno. A las cinco exactamente la Republicana arremetió a caballo, apaleando mujeres con bebés, ancianos y niños. La multitud se defendió de la brutalidad represiva. La policía asesinó a Fernando Morroni. Hirió de cuatro balazos en la espalda al enfermero Esteban Massa que asistía en el suelo al lastimado Ruben Sassano. Carlos Font fue internado con pérdida de masa encefálica y Mónica Ramírez con heridas de balas en el vientre. Esa noche fue asesinado Roberto Facal. Quedaron heridos más de 100 manifestantes en la operación represiva, 15 de ellos a balazos. El miércoles 25 de agosto miles acompañaron a Fernando hasta el Cementerio del Norte. Tres ministros del interior progresistas después, no se ha hecho pública ninguna investigación. Los asesinos y los que comandaron la represión continúan impunes.

Estalló la polémica. Sacaron los fantasmas de la buhardilla y concentraron sus ataques en los tupamaros para asustar a los pusilánimes. La derecha presionaba para que el progresismo desmontara el agrupamiento radical. Rápidamente, el Frente Amplio adjudicó su derrota electoral de 1994 a los insoportables núcleos radicalizados. En el Comité Central del MLN(T) se esgrimió la tesis de la ‘no violencia activa’ o acción no-violenta. Se argumentó que al enfrentar organizadamente la represión en Jacinto Vera, se había provocado la masacre y que, de alguna manera, la responsabilidad de la muerte de los compañeros recaía sobre nuestros hombros. Para no dar justificativos a la policía y que no se repitieran sus asesinatos, había que renunciar a la estrategia de crear una fuerza militante con espíritu combativo y sustituirla por la de desobediencia civil o resistencia no-violenta. La conducción frenteamplista quedaría satisfecha de esa manera.  
Gerónimo, cacique apache
Dispersa pero activa, la militancia radical había descubierto otros lugares de encuentro: las Comisiones Barriales de lucha por Verdad y Justicia, la columna Cerro-Teja de los primeros de mayo, la batalla contra el artículo 23, el apoyo a las ocupaciones de tierra y a los conflictos obreros del Espinillar, de la construcción, de la bebida, la química y del transporte. Allí fueron haciendo su propia y montaraz historia, conociéndose y descubriendo formas de coordinación horizontal. Los núcleos activos fueron lo suficientemente hábiles para responder a los ataques de la policía sin aislarse de la abigarrada multitud que rodeó el Hospital Filtro. También logró con su militancia que el 63% del electorado  rechazara la “minirreforma” el 28 de ese mismo agosto de 1994. Los representaban un senador y los ediles de Montevideo y Trinidad que denunciaban y actuaban con espíritu extraparlamentario. Caminando hacia un horizonte insurreccional, esa dispersa y poco ordenada fuerza militante demostró ser capaz de actuar con efectividad y de golpear coordinadamente. Su fuerza en blancos, colorados, dirigentes frenteamplistas y ex-guerrilleros domesticados, la necesidad de cortar las uñas del gatito antes que se transformara en tigre.   

Muy influida por el  gandhismo-tupamaro, para no provocar la represión, la juventud del MPP intentó suspender la marcha que, en setiembre de 1994, varias organizaciones estaban coordinando al cumplirse un mes de la Masacre de Jacinto Vera. ‘Manos desconocidas’ acercaron a la orgánica MLN-MPP una cassette grabada en una cuchipanda realizada en la guardia republicana, donde el ministro Ángel Gianola arengaba a sus oficiales para que reprimieran a los grupos radicalizados. La cassete fue esgrimida en la discusión como argumento disuasivo contundente. En la interna del MLN (T) estaba en curso un debate sobre de las relaciones con un grupo de oficiales de los servicios de inteligencia militares. Más allá del testimonio personal -participé en dos de las primeras reuniones, como ya he relatado- resultaba evidente que el MLN(T) estaba siendo atacado por una operación de inteligencia que buscaba neutralizar las perspectivas revolucionarias. Además de ‘establecer un teléfono rojo para impedir que nos enfrenten a militares y tupamaros como en el pasado’ no hubo otras explicaciones. De hecho, al vincularse con el núcleo central del aparato represivo, el MLN(T) estaba pasando por arriba del sentimiento de verdad y justicia para los desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado. Se cruzaba el Rubicón de la ética y la moral. La actitud hizo que muchas y muchos se sintieran empujados fuera del MLN, una manera de expresar con los pies la discrepancia. Otros optaron por quedarse, actitud que significaba convalidar con su presencia la concepción conciliadora.     

HI: ¿Cuáles entendés que son las tareas políticas para la etapa y cuales entendés que son los principales desafíos para el futuro?

JZ: En los ‘70 debieron recurrir al terrorismo de Estado para aplastar las revoluciones y suministrar la medicina neoliberal a los pueblos. Una vez marchitas las dictaduras en los ‘80, en varias de las comarcas latinoamericanas se alzaron los pueblos contra el consenso de Washington y la revuelta se tradujo en acceso de fuerzas progresistas al gobierno, que llegaron con la promesa de hacer temblar hasta las raíces de los árboles. Hoy día, en el 2017, está claro que sus políticas asistencialistas no hicieron temblar nada, apenas lograron que los pobres consumieran un poco más que antes o, dicho de otra manera, incorporaron los sectores descartados a la sociedad consumista. También incrementaron el salario, aunque su monto no alcanza a cubrir las necesidades materiales, educativas y culturales del asalariado. Está claro que la política económica del progresismo también favoreció un aumento en la concentración del capital y la propiedad de la tierra, que se puede leer como una mayor degradación de la vida democrática. Aumento de salario y asistencialismo social han sido tan inútiles para resolver el fondo de la cuestión social como los vademécums ortodoxos aplicados por los gobiernos anteriores. Protegida por el progresismo, la burguesía prosigue en su carrera por aumentar la tasa de ganancia a costillas del trabajo y, por consiguiente, la lucha de los pueblos asalariados es un eterno recomenzar.

En la medida que requiere redistribución del ingreso, el asistencialismo se contrapone a la voracidad insaciable de las élites dominantes. Sólo les sirve el neoliberalismo sin fomentos. Tampoco la ‘agenda social’ del progresismo es compatible con sus estructurados modos de pensar y de sentir, en especial, les caen gruesas la legalización del aborto, la desproscripción de la marihuana, la defensa de la igualdad entre los géneros y el matrimonio igualitario. Pese a los privilegios para los inversores extranjeros, las zonas francas y las exoneraciones varias, las élites sienten que las democracias, mientras están administradas por el progresismo, han dejado de ser instrumentos útiles a sus designios. En consecuencia, decidieron suministrar sin intermediarios la pócima y el retorno de los brujos parece ser el signo de los tiempos. El fenómeno trajo a Donald Trump y sus cómplices de Wall Street y del complejo de industrias armamentísticas, pero también al fascismo a cielo abierto en Europa y acá, en América Latina, a lo más reaccionario de la derecha, por las buenas en algunos casos -Macri, Kuczynski-, por las malas en otros -Temer- y por las peores también, como ocurrió en Haití y Honduras. Sienten el progresismo como una enfermedad de las democracias formales, sea en Europa, en EEUU o en América Latina.
Grito de Asencio
Los pueblos defienden pacíficamente sus conquistas y manifiestan su descontento con el cariz que van tomando las cosas: grupos de estadounidenses protestan frente a los portones y las rejas de la Casa Blanca; los mejicanos denuncian masivamente la política de desapariciones y asesinatos del Estado fallido y narcotraficante; los argentinos amagan con reeditar las jornadas de diciembre del 2001 y los chilenos hacen masivas demostraciones contra las medidas neoliberales del progresismo de la Bachelet. Entonces, para conformar lo más reaccionario, algunos de los gobiernos empresariales emiten señales amenazantes y, en otros casos, como el mejicano y el colombiano, pasan a dar palos sin más. Con su apología de la tortura y de Guantánamo, Trump se convierte en abanderado de las ideas fascistas. Lo sigue el gobierno de Méjico, cómplice en las desapariciones de los 43 normalistas y del asesinato de más de cien periodistas al año. También la Bachelet, que ha dejado totalmente al descubierto su naturaleza racista y autoritaria, aunque encabece una fuerza que pretende ser socialista. Mauricio Macri se burla y ataca a los movimientos sindicales, barriales y feministas. ¿De qué paz y democracia hablan en Colombia y Honduras, donde los paramilitares asesinan luchadores que defienden el medio ambiente y a campesinos de origen maya?

Una vez más el estamento oligárquico latinoamericano suelta de la correa a sus cancerberos y vuelve posible e inminente la extensión del ejercicio de la violencia institucionalizada contra el movimiento popular. Las organizaciones del pueblo están sabiendo que en la defensa de lo conquistado corren el riesgo cierto de ser ferozmente reprimidos por la policía… ¿De qué manera puede responder el pueblo mapuche atacado sin piedad por la progresista Bachelet luego de más de 500 años de sometimiento? ¿qué pueden hacer los pueblos de origen maya en Chiapas, Guatemala y Honduras? ¿en qué salida electoral y parlamentaria pueden creer los trabajadores agrarios brasileros, perseguidos como en los tiempos de Canudos? ¿cómo pueden enfrentar la matanza los mejicanos? Hoy día, en América Latina, el análisis político está obligado a tener en cuenta que la ofensiva violenta de la clase dominante legitima las posibles respuestas contraviolentas que obtendrá. Los movimientos de masas nunca se dejaron arrear a los ponchazos.

Sin embargo, nada permite augurar una pronta salida de la pasividad del pueblo uruguayo. Acá la hegemonía burguesa funciona a las mil maravillas. Fue así en el Uruguay Batllista y lo es hoy, en el Uruguay Progresista, donde las formalidades democráticas continúan contando con una ancha banda de consentimiento. Basta con permitir consejos de salarios aunque los aumentos no recuperen los triangulitos robados, conque ‘Juntos’ regale unos ranchos mal construidos y Tabaré se deje sacar unas ‘selfies’ en los consejos ministeriales de ‘cercanía’, para cooptar a miles de luchadores y transformarlos en revendedoras de espejitos y cuentas de colores. La lentitud para sacudir la melena es consecuencia directa de la acción de ese colchón de clientes políticos y de sus efectos adormecedores sobre la conciencia social.

La historia reciente muestra que los sectores reaccionarios tampoco pudieron evitar los efectos de la amortiguación sobre las conductas políticas. Tal vez por esa razón, años de endurecimiento jurídico paulatino y de represión de baja intensidad debieron preceder al ‘68 del ejercicio abierto de la violencia contra el pueblo. Tal vez para satisfacer esas tradiciones amortiguadores, al dar su golpe de Estado el 9 de febrero de 1973 y antes de pasar abiertamente al terrorismo, los mandos militares recurrieron a la triquiñuela de sentar un títere de cartón en el sillón presidencial y permitieron que el parlamento continuara siendo caja de resonancia de quienes resistían el golpe de Estado. La aceptación de las formalidades democráticas y de los mecanismos amortiguadores ha sido una característica de la vida política a la uruguaya. A la hora de caracterizar coyunturas y definir tareas, el desconocimiento del fenómeno puede conducir al onanismo político.

Aunque no todos fueran conscientes de las consecuencias de su actitud, los delegados frenteamplistas que aplaudieron de pie las palabras de Huidobro en la polémica con Hugo Cores del Congreso del 2003, estaban ratificando de hecho la vigencia de la ley de caducidad. Cierto, los feligreses habían sido inducidos por un demagogo de gran calibre, pero las manos alzadas dejaron constancia de que estaban dispuestos a tolerar que tiraran los principios por la borda con tal de ganar unos votos más. Tras esa victoria ideológica, los caudillos frenteamplistas no tuvieron más obstáculos para lanzar por elevación, uno tras otro, la serie de misiles que indujeron el actual clima de impunidad. Se estaba ratificando, veinte años después, el acuerdo de impunidad que sobrevolaba o subyacía el Club Naval. El Frente Amplio se unió ‘de facto’ al pacto de silencio de la mafia militar y policial. Inmoral y solapada política simbolizada con la figura de Fernández Huidobro, pero respaldada indudablemente por la tríada Tabaré-Mujica-Astori. No son inocentes aunque los absuelva la credulidad de sus fieles.

La primera señal del endurecimiento ocurrió el 10 de abril del 2007, día que el parlamento de mayoría progresista -que no quiso anular la ley de caducidad- transformó en delito penal las ocupaciones de tierras, fuera para vivir o para trabajar. Esta ley pasó desapercibida en general, pero marcó la disposición de los parlamentarios progresistas para aceptar la mano dura que promovía el poder ejecutivo. A diez años de aquel primer paso, Vázquez firmó el decreto que permite, sin previa actuación judicial, la intervención de otros organismos públicos -léase las fuerzas armadas- para apoyar a la policía en la represión de los cortes de ruta o de calles. Los ministros han salido sin mucho pudor a defender con argumentos banales el permiso para el empleo de la violencia institucionalizada contra la ciudadanía. El decreto solamente cae simpático a los inversores extranjeros y a la rosca empresarial criolla.

En este marco de endurecimiento paulatino, no hay inocencia en el fortalecimiento desmedido de la policía, que hoy día no tiene nada que envidiar a las fuerzas armadas en equipamiento, organización y entrenamiento. Como algunos pensaban del ejército en los ‘70, una conducción política adecuada podría transformar la policía en partido del desarrollo económico y social. A medida que la policía es más fuerte, las formalidades democráticas se hacen más débiles. En realidad el Frente Amplio se ha transformado en otro partido político del orden, de un orden ajeno y antipopular, cuyo centro ideológico está en Washington D.C. y beneficia principalmente a las élites criollas. No se hable más de agotamiento del progresismo, debe hablarse lisa y llanamente de su incorporación al sistema de dominación capitalista. Es una rendición incondicional.

Tras una ingente y porfiada lucha de ideas, los sectores más activos del movimiento popular logran, por momentos, que la gente se libere de sus ligazones ideológicas y salga a protagonizar inesperados picos de lucha social: las marchas del silencio y las que defienden la tierra, el aire y el agua, la pueblada contra el decreto de esencialidad, la enorme manifestación por la igualdad entre los géneros. Sus reivindicaciones teñirán la lucha de clases del futuro: verdad y justicia, medioambiente, antiautoritarismo e igualdad. Se han conformado columnas masivas de pueblo que marchan en comunicación muy estrecha con el activismo de algunos grupos y que se escurren entre los dedos de la amortiguación y la manipulación del progresismo. Tal vez en esta práctica cotidiana se logre concebir formas de organización revolucionaria distintas al partido único de cuadros profesionales férreamente disciplinados.

Del cruce entre el movimiento masivo y los sectores activos tal vez pueda nacer una fuerza libre de alienaciones y hegemonías, una marea arrolladora que haga permanente lo episódico y supere lo inmediato proponiéndose la transformación revolucionaria de la sociedad. ¿Será posible que esta militancia auto-liberada, que ha reconquistado la libertad de pensar críticamente y la autonomía para organizarse, sea capaz de fundar el movimiento revolucionario que necesita el pueblo uruguayo? ¿Qué se den maña para mantener su fluida comunicación  con las diversas particularidades del mundo social? ¿Qué aprendan a sostener con firmeza sus convicciones revolucionarias sin por ello creerse diferentes o superiores? Tal vez el misterio de la masividad radique precisamente en la forma que los núcleos activos respetan la igualdad de la multitud y se sienten identificados con ella. Lo cierto es que la convocatoria de estos movimientos sociales ha ido creciendo en la misma medida que ha decrecido notoriamente la de los aparatos políticos.

En la medida que el Uruguay no es ninguna excepción en América Latina, en la mano dura que agitan los partidos del orden se vislumbra su decisión de ejercer el poder en todas sus formas, la violencia institucional inclusive. Una manera de contribuir al ‘nunca más’ es divulgar el alerta: asoman malones represivos, haya o no gobierno progresista. ¿Es una exageración sectaria o son las perspectivas que indican las señales que está dando el poder político? Al endurecimiento de baja intensidad corresponde crear consciencia sobre la necesidad de auto-defenderse de las agresiones. Claro que, para hacerse comprender por el movimiento social masivo, se debe respetar la idiosincrasia generada por la amortiguación y se vuelve imprescindible encontrar en cada ocasión los métodos y los medios adecuados. La auto-defensa es un acto de justicia popular, aceptado o protagonizado por el pueblo, que debe adecuarse a sus sentimientos y emociones; es la respuesta justa y proporcional al grado y la forma de violencia de la represión institucionalizada. No puede ser tan desproporcionada ni tan avanzada que se desprenda de la comprensión popular. La tarea central parece ser la formación de ese necesario movimiento de masas y sectores activos capaz de resistir y defenderse de las agresiones de las élites burguesas y gobernantes. ¿Difícil? Por supuesto. Todo depende de tener la sabiduría suficiente para tejer las necesarias telarañas.

Notas:

1- “Porqué se nos exige que seamos pacíficos hasta la muerte? , ¿por qué a nosotros ?, ¿por qué no podemos usar la violencia contra ellos? Si tenemos al Pueblo Mapuche como ancestros, nuestros ancestros nos son los cobardes españoles, son el Pueblo Mapuche que hizo retroceder a los cobardes españoles.....a punta de lanza !!...” Palabras de Luisa Toledo, madre de los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo, jóvenes de 18 y 20 años asesinados por Carabineros el 29 de Marzo de 1985, fecha en que cada año el pueblo mapuche conmemora el “día del joven combatiente” (Tomado de ‘Resumen Latinoamericano’).
2- Disculpen que me haya ido muy largo. Últimamente tengo la sensación de estar escribiendo testamentos y hay cosas que no puedo dejar decir aunque parezcan obvias y reiteradas.

viernes, 26 de agosto de 2016

Mujica tendrá un espacio televisivo quincenal en Deutsche Welle

Mujica tendrá un espacio televisivo quincenal en Deutsche Welle



En primera instancia uno piensa que, o bien los alemanes se volvieron locos o quieren un bufón para que los divierta con sus chanzas a lo Cantinflas.

Reflexionando en forma más fría:
estas empresas alemanas no dan puntada sin hilo. Les conviene un guerrillero arrepentido renegado que le transmita a la juventud alemana que no vale la pena la acción directa y que es mejor votar cada 4 o 5 años y resignarse a ser peón y tener peores condiciones de vida y aceptar los privilegios de los poderosos.

?Quien cree que la consideración que le muestran Obama, Rockefeller y Soros, entre otros muchos, a Mujica es por su linda cara?
Para ellos no hay nada mejor que un guerrillero arrepentido, derrotado y culpable para disuadir a toda una generación que no aguanta más la opresión, la violencia guerrera y bombardera, el despilfarro y la desigualdad, de explotar a nivel mundial.

Tenemos que recordar la famosa guerrilla alemana Fracción del Ejército Rojo, también llamada el movimiento Baader-Meinhoff que fue verdaderamente serio y problemático para las autoridades alemanas para reducir. 

Y que los tupamaros tuvieron una fama inexpugnable en Alemania y aún en toda Europa, donde los investigadores siguen escribiendo tesis sobre el sorprendente y admirable movimiento tupamaro, derrotado militarmente para quienes piensan en lo mecánicamente militar ante todo, pero triunfante abrumadoramente en la esfera política del pueblo uruguayo a quien estaba dirigido, que permitió a farsantes simuladores de tupamaros como Mujica, Huidobro, Sendic Rodríguez y otros muchos encaramarse en posiciones gubernamentales.
Sí, señores, los duros guerrilleros alemanes tenían una admiración sin límites por los tupamaros uruguayos.


Los fascistas y los milicos uruguayos quieren creer o quieren hacer creer que el fenómeno tupamaro se concentra sólo en el medio local uruguayo. No saben, no quieren saber, o no quieren que se sepa que los tupamaros uruguayos tienen una fama mundial, por su originalidad, su audacia, su falta de terrorismo y su calidad humana y política que trascienden largamente las fronteras del Río de la Plata y los han hecho admirar aun en los EEUU donde todavía muestran al público asombrado algunas de las increíbles creaciones y hazañas épicas de este movimiento espectacular y ejemplar.
Basta observar algunas de las pocas fotos que se encuentran a raudales en internet, para darse cuenta que no son locales los que allí se muestran como tupamaros.


Volverán, sí, los auténticos tupamaros volverán y serán mundiales; los amigos de los oprimidos y de los humildes, los enemigos de los explotadores y sus lacayos los milicos volverán; volverán porque hace falta justicia en Uruguay y en el mundo, porque hace falta una Cárcel del Pueblo mundial para los genocidas, para los Bush, los Blair, los Aznar, los Netanyahu y tantos otros culpables de la muerte de miles y centenares de miles de seres humanos; por más que les pese a las grandes empresas alemanas, a Deutsche Welle y a las otras.


Los va a traer de vuelta el desastre ecológico, así como el desastre económico: el despilfarro que hace a algunos tremendamente ricos y a otros los priva hasta de la alimentación y del agua. Volverán porque ellos quedaron en la epopeya histórica de los pobres y los esclavos del mundo entero.


Ricardo Ferré
Lund, 25 de agosto de 2016


http://www.espectador.com/sociedad/340135/mujica-tendra-un-espacio-televisivo-quincenal-en-deutsche-welle













lunes, 11 de enero de 2016

Tupamaros y Revolución, ahora

Tupamaros y Revolución, ahora




Ricardo Ferré, diciembre de 2015

Los tupamaros orientales de los últimos años tuvieron un claro antepasado en los tupamaros orientales conducidos por Artigas en el siglo XIX. Obtuvieron su nombre de los propios españoles que se mofaban de ellos asociándolos con la fallida Gran Rebelión acaudillada por el inca Tupac Amaru, José Gabriel Condorcanqui, en Perú en 17801.




Tenemos que señalar que el ejército tupamaro de Artigas, por llamarlo con el mismo nombre con el que se le conoció en aquella época, tenía varias diferencias fundamentales con el actual, pese a que éste señala falsamente su origen en la Batalla de Las Piedras.
En primer lugar, los tupamaros de Artigas no eran remunerados. Actuaban por convicción con la única satisfacción de cumplir con su deber y su ansia de justicia y liberación del yugo y la dominación de la colonización española.
En segundo lugar, se rebelaban contra un estado opresor, el español en ese momento.
Formaban una masa heterogénea, distinguida por esa rebeldía, especialmente encarnada en los gauchos, que querían liberarse de la opresión, pero también por las tropas que le fueron fieles a Artigas hasta el final, los negros que querían sacudirse la esclavitud y que se jugaban la vida de varias maneras, los indios, tanto charrúas como guaraníes especialmente expuestos al desarraigo y la represión y por familias y sectores enteros de criollos que creyeron firmemente en las ideas libertarias de su líder.
Aun más notable y más ensalzante de la grandeza de Artigas fue que todo un pueblo oriental lo siguió al Éxodo, y no sólo tropas beligerantes; familias enteras con todas las propiedades que pudieron transportar lo hicieron.


El ejército uruguayo
El ejército actual no tiene entonces su origen en las montoneras gauchas, indias y negras del caudillo oriental. Su origen fue establecido por Venancio Flores, considerado por el historiador Carlos Machado3 como el traidor más grande de la historia oriental, cuando, impulsado por el imperio inglés asaltó el gobierno legítimo de Berro apoyado militarmente por el imperio de Brasil iniciando su vergonzosa traición masacrando a los resistentes de Florida y luego de Paysandú, pese a la heroica resistencia del pueblo de este último, acaudillado por Leandro Gómez, quien fue asesinado junto con las últimas de las tropas patriotas.



Comandante con el zapato de Julio Castro

Luego de estas acciones repugnantes, el ejército de Venancio Flores4, antecesor del actual, se unió a los de Brasil y Argentina para masacrar al heroico pueblo paraguayo por encargue del imperio británico, que estaba detrás de todas estas maniobras debido a que el desarrollo del Paraguay lo hacía competir favorablemente con la industria británica, en particular la textil. Para rubricar la ignominia Paraguay debe firmar un préstamo de Gran Bretaña en conexión directa con su capitulación, sufriendo además un desastre demográfico terrible con la pérdida de hasta el 90% de su población masculina adulta y de más del 50% de su población total.
Éste y no la Batalla de Las Piedras es el verdadero origen del ejército oriental, “cubierto de gloria”, según expresiones del recientemente extinto general Iván Paulós. Por si quedaba alguna duda de su origen maloliente, el ejército y las otras dos fuerzas armadas orientales toman a su cargo la represión popular a partir del año 71 torturando, encarcelando y persiguiendo a todos los sectores populares que impulsaban un cambio libertario.
Tomemos sólo algunos de las “batallas” que dieron gloria al ejército actual:
- El episodio de las Muchachas de Abril, la matanza de tres adolescentes desarmadas en el barrio Brazo Oriental.5Tres generales, un coronel, dos mayores, tres capitanes y decenas de soldados armados a guerra asesinan brutalmente a tres muchachitas desarmadas, seguramente aterrorizadas, de 19 y 21 años, una de ellas embarazada.”

- El asesinato del desarmado matrimonio Martirena por tropas armadas a guerra, entre otras cosas con una ametralladora pesada.

- El robo y venta de bebés6


Para no mencionar las decenas de miles de torturados en los cuarteles, toda una generación y de que no existió en realidad ninguna guerra, sino puro y simple terrorismo de estado.
Estos mercenarios masacraron al pueblo paraguayo primero, por la plata, luego a su propia juventud a la que torturaron, violaron, secuestraron asesinaron y desaparecieron…por 20 dineros.
Estos hoplitas a sueldo nunca habían tenido acceso a las mujeres divinas, jóvenes y bellas muchas de ellas y encima idealistas y luchadoras, a las que violaron y vejaron de todas maneras. Los gritos y los lamentos de ellas deben estar aún vivos en las pesadillas de más de un militar de los más de trescientos de los que se conocen sus nombres.8


Tupamaros
Ante todo, debemos aclarar que nombramos bajo este término, no sólo a los integrantes del MLN-T, sino que incluimos a todos los criollos que se rebelaron contra la opresión y los procedimientos tiránicos, en particular a los maoístas del MIR/PCR, a los guevaristas del MRO/FARO, a los anarquistas de FAU/ROE/OPR33 y seguramente hubo también grupos menores que no recordamos o no conocemos, pero no menos dignos de ser considerados en esta categoría.
De paso, ya estamos estableciendo una de las características fundamentales del tupamaro: su rebeldía. Nadie que no sea rebelde puede considerarse entonces tupamaro.
Si bien pueden encontrarse raíces de rebelión violenta contra el sistema en los anarquistas primeros, en realidad todos los grupos tupamaros o casi todos tienen su origen el el Coordinador, organismo fundado a principios de la década del 60 que tenía como objetivo declarado la defensa y el apoyo a todos los gremios y organizaciones populares y a todas las manifestaciones de éstos que pudieran ser reprimidas, en particular por alguna intervención o influencia de la dictadura militar de Brasil.




Existieron fuertes vínculos entre los movimientos tupamaros y varios gremios, por ejemplo los cañeros del norte agremiados en UTAA, fundada por Raúl Sendic.
Nos referimos naturalmente al líder cañero y tupamaro, no al impostor Raúl Sendic Rodríguez, que usa el renombre de su padre para cosechar votos usurpando el nombre glorioso para confundir a la gente distraída.
Aquí encontramos otra característica fundamental del tupamaro: su apoyo a los gremios y organizaciones populares.
Cuando vemos las expresiones anti sindicales de Mujica, por ejemplo, “hay que hacer mierda a los gremios de la enseñanza” entre otras muchas de menosprecio y enfrentadas a organizaciones de trabajadores o asalariados y sus luchas reivindicativas, queda clarísimo que esas expresiones no vienen de un espíritu tupamaro.





Últimamente se dedicó a humillar e insultar a guardavidas de Rocha, cayendo prácticamente en la insania mental en su delirio antisindical.
Otra de las características definitorias del tupamaro es su espíritu de enfrentamiento con las fuerzas represivas, en particular con los torturadores, a quienes se ejecutó cada vez que fue posible.
Esto distancia claramente del núcleo tupamaro tanto a Mujica como a sus escuderos Bonomi, Huidobro y Rosadilla, prolijos cultivadores y excelentes lustradores de zapatos castrenses con sus lenguas.
Esta digresión es importante en particular para que la juventud no se confunda con quienes por un lado pueden pronunciarse o hasta creerse tupamaros, y por la otra actuar de forma completamente contradictoria con respecto a su verdadero espíritu.
En realidad, no hay porqué sorprenderse. Una cantidad de palabras y conceptos han sido privados de su verdadero significado para tomar muchas veces el sentido opuesto, por ejemplo: democracia, libertad, paz, etc. Sin ir más lejos las guerras y los bombardeos “humanitarios” o por la “paz”, etc.


Continúa con
La "derrota" de los tupamaros
Propuestas tupamaras


1http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2012/03/tupamaros-vs-mln-actual-parte-iii.html
2
http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2012/04/tupamaros-vs-mln-actual-parte-iv.html

3 Carlos Machado, Historia de los Orientales, Ediciones de la Banda Oriental, 1973

4 http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2011/04/el-ejercito-de-los-traidores-artigas.html

5
http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2015/04/el-honor-y-la-gloria-de-las-fuerzas_17.html

6
http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2011/11/gelman-el-robo-de-bebes-fue-un-crimen.html

7http://www.universidad.edu.uy/pmb/opac_css/index.php?lvl=notice_display&id=381&seule=1


8
http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2011/05/lista-de-uruguayos-denunciados-por.html


9 http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2015/08/el-traidor-redivivo.html

martes, 5 de enero de 2016

Los tupamaros son la decencia del pueblo uruguayo

Los tupamaros son la decencia del pueblo uruguayo



Ricardo Ferré


La dictadura legal de Pacheco Areco
En el año 68 Pacheco Areco, al asumir la presidencia de la república al morir el presidente Gestido, inició una etapa de desconocimiento de los poderes judicial y legislativo.
En cuanto al primero, cientos de personas fueron privadas de su libertad en cuarteles sin juicio previo, sin pasar por fiscales ni jueces competentes ni mucho menos contando con abogados defensores.
El poder legislativo fue ignorado ya que el ejecutivo pasó por encima de sus decisiones. Los decretos de aplicación de medidas prontas de seguridad eran levantados por el legislativo y esas decisiones no sólo eran ignoradas y no promulgadas por el ejecutivo, sino que éste las reimplantaba al día siguiente: un golpe de estado y una dictadura legal; el ejecutivo abusó claramente de las prerrogativas que le otorgaba la nueva constitución naranja.

musica

Resistir la opresión y la dictadura
Qué es lo que cualquier ciudadano decente no sólo puede sino debe hacer en caso claro de opresión y prepotencia desbordados?
Resistir está en la tapa del libro: resistir de todas las maneras posibles. El lisiado puede poner clavos en las cubiertas de los vehículos de la represión, los trabajadores deben organizar huelgas y paros, los estudiantes marchar y manifestaciones, las amas de casa caceroleos, como sólo ejemplos de lo que se puede y debe hacer.
Miles de estudiantes, obreros, oficinistas y asalariados recibieron ese llamado de la decencia. Los tupamaros ya estaban organizados previendo un eventual golpe de estado o una intervención de Brasil, así que fue una elección fácil: se integraron a las filas del MLN-T, que tomó el nombre de tupamaros, pero también a las otras organizaciones de resistencia mediante la acción directa que no detentaban el nombre pero que asumían igualmente esa calidad. Ellos enfrentaron a la represión con el riesgo claro de perder su libertad, su salud, sus bienes materiales y alejarse de su familia y sus seres queridos. El aval que le dieron esos miles de reclutas a los movimientos tupamaros fue el de resistir la opresión. Eventuales objetivos tácticos de este aval podían ser la renuncia de Pacheco o la restitución de las facultades constitucionales de los poderes judicial y legislativo. Puesto que las organizaciones tupamaras estaban organizadas con centralismo, asimilaron a estos miles de nuevos militantes y les confirieron sus objetivos socialistas que eran anteriores a su incorporación: socialismo, liberación nacional y eventualmente más tarde asalto armado al poder. No necesariamente las bases compartían, en particular este último.



La senda militarista
Cuando el MLN tomó una senda decididamente militarista, claramente expresada en el documento 5, inspirados en el aparatismo creciente, contaron con el consejo negativo de los compañeros militares que integraban ya sus filas. Gran parte de las bases eran completamente ignorantes de todo esto. Es probable que este objetivo superara tan brutalmente sus aspiraciones al ingresar, que hasta les podría haber causado escepticismo. Las bases tupamaras se podrían haber hecho matar por sus dirigentes. De hecho algunos lo demostraron en la práctica perdiendo su vida en acciones armadas o durante la tortura, pero la gran mayoría enfrentó la tortura, la pérdida de su libertad, de sus bienes, arriesgó su familia y su vida sin una queja. Existía un gran cariño y un gran respeto de las bases por sus líderes. También debemos señalar que los líderes correspondieron con un intenso cariño por esas estoicas y sufridas bases. Pero pensamos que posiblemente la dirección no acotó sus ambiciosas metas mediante un análisis de sus bases cuyo ingreso masivo a partir del año 68 está marcando metas parciales posibles. Una mayor sensibilidad de las direcciones sobre los alcances de los pensamientos de las bases podría eventualmente haber hecho más modestas las metas y haber aceptado el rol de apoyo a los movimientos populares con menos protagonismo propio.



El asalto al poder
El impoluto tupamaro Jorge Zabalza expresa en su recientemente publicado libro “La experiencia tupamara”1 que a fines del año 71 o principios del 72 todos sabían que se había emprendido el asalto al poder militar. La honestidad de Zabalza está fuera de toda duda. Es indudable entonces que en los círculos militantes de alto grado en los que él se movía, estaba aceptado este objetivo. Pero es muy dudoso que hubiera penetrado hasta los estratos de base, en particular del interior.



Luego del 73
En el año 73 el golpe de estado fue aun más claro. Los militares entraron en el Palacio Legislativo y disolvieron las cámaras. Muchos orientales bien nacidos y decentes trataron entonces de resistir, que sabían desde niños que es lo que se debe hacer en el caso de golpe de estado, pero las organizaciones tupamaras ya habían sido destrozadas y no estaban operativas ni tenían armas que ofrecer. Todos los orientales valientes que salieron a ofrecerse para resistir la opresión quedaron entonces frustrados. La mayoría de los tupamaros que ya habían comenzado a resistir antes estaban presos y habían sido brutalmente torturados, muchos de ellos habían hasta sido muertos por las fuerzas armadas o conjuntas y sus organizaciones lo único que podían ofrecer a los patriotas aspirantes a resistir era una exposición segura a la tortura y a la prisión; un sacrificio casi estéril e inútil.
Las autoridades del Partido Nacional, probablemente sometidas a fraude electoral, no se atrevieron a tomar las armas y se volcaron parcialmente al exilio, prefiriendo una estrategia menos riesgosa y más lenta, así que quienes quisieron optar por la resistencia armada al golpe de estado se quedaron sin opciones.


Gráfico del compañero Saracho, Gabriel Carbajales

Las pseudo revelaciones de Amodio y los derrotistas
Recientemente, en ocasión de la vuelta pública de Héctor Amodio Pérez y el anuncio de su segundo libro y de sus “revelaciones” sobre la interna tupamara, muchos salieron en las redes sociales anunciando vaticinios tempranos sobre la derrota tupamara y las presuntas suciedades de su vida interna. Esa gente “sabía” que los tupamaros iban a ser “derrotados” y lo había “advertido antes de los 70.
Pensamos en donde estarían sus autores cuando los tupamaros salieron a defender la decencia de todo el pueblo oriental frente a la prepotencia, la opresión y los excesos del poder político y militar. Si no eran de los 800.000 ciudadanos que votaron a favor de la constitución militar y que estaban de acuerdo con la dictadura de orientación fascista, entonces donde estaban?
Tener miedo a la tortura y a la prisión, eventualmente la muerte y la violación es normal, pero entonces que se diga que no se atrevieron, que esperaron el surgimiento de formas menos arriesgadas de militancia y que reconozcan a los que osaron desafiar esas plagas.

Fotp: Río de Libertad

La lucha del pueblo contra la dictadura
Más tarde, el pueblo oriental percibió lo horrible de la naturaleza opresora de la dictadura militar y encontró medios incruentos para derrocarla, culminandola con la increíble manifestación llamada Río de Libertad, en que participó la mitad de la población de Montevideo, pero quedó en esa etapa como ejemplo el de los tupamaros primigenios que marcaron con su sangre y sus lágrimas, en la soledad de las mazmorras de la tortura y la persecución, la heroica senda de la resistencia.

Los tupamaros fueron derrotados militarmente en el año 72. Pero la gente fue comprendiendo su sacrificio durante todo el resto de la dictadura militar y fue descubriendo el verdadero rostro del militarismo prepotente y opresor y elevando cada vez más a los tupamaros como los opuestos a éste e inspirándose en el sacrificio tupamaro.



La segunda derrota tupamara
Luego vino la otra derrota de los tupamaros, la más amarga. Los dirigentes que habían quedado vivos, mostrando por un lado una fingida faz tupamara, se entregaron a las ideas neoliberalistas y capitalistas más descarnadas y más contrarias al verdadero espíritu tupamaro, engañando así a la gente que los siguió, los votó y algunos, cada vez menos, aún los continúan siguiendo.
Por un lado estos renegados aceptan la impunidad de los militares y civiles delincuentes de lesa humanidad, culpables de torturas, violaciones, asesinatos, secuestros de adultos y de bebés…el polo opuesto del espíritu tupamaro de enfrentamiento con las fuerzas represivas.
Por otro lado aceptan la política del gobierno mujiquista de favorecer y privilegiar a las empresas multinacionales, sin ir más lejos con tratados secretos con Montes del Plata y Aratirí, descubiertos tan sólo por la acción esclarecedora del fiscal Viana. Los tupamaros primigenios mostraron, en particular con sus “comandos del hambre” mediante los cuales repartían la carga de camiones de mayoristas de la alimentación en las barriadas pobres, su clara inclinación a favor de éstos y contra las grandes empresas.
También han aceptado los renegados tupamaros hasta las misiones militares en Haití y en el Congo, apoyándolas de hecho en el parlamento, los ministerios y la presidencia.



El regalo para la derecha
Al decir de la militante tupamara Alma Bolón2 “El Pepe” fue el regalo con el que la derecha uruguaya nunca se había atrevido a soñar”. Pero Alma también advierte en ese su mismo trabajo que si bien el país  está lleno de “
viejos sensatos de derecha, preconizadores de un sentido común que aconseja doblar el lomo y laburar, puesto que se es pobre, chiquito y feo” también el país está lleno “de viejos guerrilleros, generosos y desinteresados, que antaño también pagaron caras sus convicciones”.





La victoria de los tupamaros
Y esa es la gran victoria de los tupamaros:
- por un lado el apoyo popular de los renegados, los colaboradores, y los entreguistas, con Mujica en primera línea y sus escuderos Fernández Huidobro, Bonomi, Rosadilla, Semproni y todos los demás, está basado en la falsedad y la mentira de que son tupamaros, cuando en el fondo representan todo lo contrario. Y este hecho se está descubriendo y se va a ir descubriendo cada vez más.
- por otro lado, aún viven muchos de los viejos luchadores tupamaros y también muchos nuevos adherentes que siguen fieles al pensamiento tupamaro verdadero, a su viejo líder el Bebe Sendic y a los compañeros muchos de los cuales sacrificaron su vida por esos ideales.
Como señala Zabalza en su libro mencionado más arriba, los tupamaros tuvieron originalmente el principio de negar la posibilidad de acceso al poder por la vía pacífica. Por lo tanto siempre fue esencial el principio de enfrentamiento con las fuerzas represivas del estado: las fuerzas armadas y la policía a las que se aceptaba que se deben destruir antes de construir una sociedad socialista.
También era esencial el principio de apoyo a los pobres y menos privilegiados, a los obreros y asalariados y a sus gremios y sindicatos.

Todos estos principios son violados por Mujica y sus secuaces. Es obvio que no creen en ninguno de ellos ni mucho menos luchan por ellos.
Se puede engañar a mucha gente durante un tiempo, pero tarde o temprano la verdad comienza a imponerse, y ese es y va a ser el gran triunfo tupamaro.
La única esperanza de la humanidad de perdurar frente a los desastres económicos, ecológicos y militares, es que ella es capaz de engendrar generaciones de ejemplares generosos y altruistas. Si en nuestro pequeño país fue posible el surgimiento de miles de seres con decencia y dignidad, en el mundo entero puede haber todo un conjunto que obedezca a consideraciones idealistas y no a la sed de poder y dinero.
Es necesario que supongamos que esta gente puede cambiar al mundo si es que la humanidad va a subsistir.





1 Jorge Zabalza, La experiencia tupamara. Pensando en futuras insurgencias, Editorial Letraeñe, 2015

2 http://federaciondebasespatriagrande.blogspot.com.uy/2013/09/el-14-de-abril.html