jueves, 16 de septiembre de 2010

Chomsky: manipulación mediática

Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática

15 SEPTIEMBRE 2010 14 COMENTARIOS
El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios



1. La estrategia de la distracción El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.
4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…
9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.
(Publicado por Omar Montilla, en el Blog Gramscimanía)
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La guerra cibernética de los EEUU VII

Cuando los bits se visten de camuflaje VII
Ejércitos cibernéticos

Carlos Del Porto Blanco
La Jiribilla






El director de tecnología del gigante del sector aeroespacial, Boeing, Alan Greenberg, refirió a la revista BusinessWeek en marzo de 2010 que en los siguientes tres años se calculaba que entre los sectores públicos y privados de los EE.UU. sería necesario reclutar 60 mil expertos en seguridad informática. Paralelamente a eso, el gobierno organizaba el “U.S. Cyber Challenge” con el objetivo de reclutar a 10 mil jóvenes expertos en seguridad informática.
En una reunión celebrada en mayo de 2010 entre las cúpulas de los oficiales de seguridad cibernética y los contratistas de servicios de defensa, la segunda figura del Pentágono introdujo la idea de que esta institución podría iniciar un programa de protección de las redes civiles basado en un empeño enormemente polémico de mantener a los hackers alejados de los circuitos del gobierno.
El Ciber Comando (CYBERCOM), basificado en Fort Meade, Maryland, operativo oficialmente en octubre de 2009, planteó que no tenían ninguna nueva misión, solo habían reorganizado el personal que tenían de un modo más inteligente y eficaz. Cada uno de los cuatro ejércitos está creando sus propias unidades cibernéticas a base de antiguos especialistas en comunicaciones, administradores de sistemas, defensores de redes y hackers militares. Luego en función de las necesidades, se suponía que esas unidades (Mando Cibernético de los Marines, 24 Ejército del Aire, X Flota y Mando Cibernético de las Fuerzas Armadas) destinarían a algunos de sus efectivos al CYBERCOM.
En agosto del 2009 se activó el 24 Ejército del Aire en la base aérea de Lackland, Texas, con personal adicional en bases de Oklahoma y Georgia, el cual debía “proveer fuerzas de combate bien entrenadas y equipadas para llevar a cabo ciberoperaciones”. Esta agrupación estaría bajo el mando del mayor general Richard Webber, oficial especializado en misiles Minuteman y bloqueo de satélites, y se conformaría por varios miles de efectivos agrupados en dos ciberalas: la 688, Ala de Operaciones de Información y la 67, Ala para Guerra en Redes de Computadoras, además de unidades de comunicaciones de combate. La primera de esas unidades se encargaría de “explorar, desarrollar, aplicar y transformar tecnologías, estrategias, tácticas y datos para controlar el teatro de operaciones militares en el campo de la información”, esa unidad era conocida como el Centro de Operaciones de Información de la Fuerza Aérea, y continuaría funcionando como un centro de operaciones de información de excelencia. El Ala 67, por su parte sería una unidad más ofensiva“ejecutaría ataques a redes de computadoras” y cuando no esté haciendo eso “evaluará la seguridad de sistemas electrónicos” en las unidades e instalaciones del ejército de EE.UU.
En mayo de 2010 el recién promovido a general de cuatro estrellas, Keith B. Alexander tomaba el mando del Ciber Comando, esto ocurría días después de que se informara que la Fuerza Aérea reasignaría a más de 30 mil efectivos de apoyo técnico a tareas de ciberguera. Recordar que con la irrupción creciente de los aviones no tripulados en la ejecución de misiones de la Fuerza Aérea, esta debe reconfigurarse, pues muchas de las tareas anteriormente asignadas a las tripulaciones de vuelos de reconocimiento o combate, ahora las llevan a cabo los drones con mucho menos costo y personal. Finalmente el 11 de mayo del 2010 el senado lo ratificaba en ese cargo. En esa fecha, fuentes no confirmadas planteaban que el Ciber Comando ya poseía 90 mil efectivos.
En junio de 2010 el Senado estadounidense proponía una nueva ley (Protecting Cyberspace as a National Asset Act, PCNAA) que daría plenos poderes al Presidente para preservar la ciberseguridad del país, incluyendo cortar parcialmente el acceso a Internet. Las empresas proveedoras de acceso, los buscadores y los fabricante de aplicaciones informáticas seleccionados por el Gobierno deberían cumplir inmediatamente las órdenes del Departamento de Seguridad. El objetivo de la ley es salvaguardar la Red del país y “proteger al pueblo”, el proyecto da plenos poderes al Presidente en caso de emergencia. La PCNAA se justificaba por parte de sus promotores porque el país no debía esperar a que se produjera un 11 de septiembre cibernético para reaccionar; el proyecto diseñaba un Centro Nacional de Ciberseguridad que sería la autoridad en esos casos.
El diario Wall Street Journal publicó en julio de 2010 un artículo en el que se planteaba que la Agencia de Seguridad de EE.UU. estaba construyendo un sistema que ayudaría al país a detectar ataques contra su infraestructura crítica. El sistema haría monitoreo de compañías privadas y agencias gubernamentales del país que operen infraestructuras críticas, como redes eléctricas, plantas de energía nuclear o registros históricos. Para ello utilizaría sensores instalados en redes informáticas que dispararían las alarmas en casos de actividad sospechosa de tratarse de un ciberataque. El gobierno habría concedido ya para esa fecha, la primera fase del proyecto a Raytheon con un presupuesto de 100 millones de dólares.
Como se dará cuenta amigo lector están creadas las condiciones para cualquier día amanecer con la noticia de que se originó un ataque cibernético sobre la “Santa Sede” de la democracia o algunos de sus lugares sagrados, por parte de los “nuevos peligros globales, Rusia y China” o por parte de alguno de los “60 o más oscuros rincones del mundo”. Esto provocaría que los ciber cruzados vistan a sus computadoras con sus nuevos y relucientes uniformes de camuflaje quizá diseñados por el mismísimo Armani. Esperemos que el sentido común prevalezca y que todo esto quede como simples ejercicios intelectuales, porque si no... el último en salir que apague la luz.





Referencias:
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11. Rosa Miriam Elizalde y Rogelio Polanco : “Nos pescan con red”, Rebelión, 24 de abril de 2008.   http://www.rebelion.org/noticia.php?id=66497

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45. “Obama nombra a un ciberzar”, Cubadebate, 22 de diciembre de 2009.

46. “Obama podría nombrar esta semana a su secretario para la ciberseguridad”, CSO España, 27 de mayo de 2009. http://www.csospain.es/Obama-podria-nombrar-esta-semana-a-su-secretario-para-la-cib/ seccion-estrategias/noticia-81112

47. “Obama set to create ‘cyber czar’ position”, Wall Street Journal, 29

48. “Un comando militar protegerá las redes del Pentágono de los hackers”, Noticiasdot, 23 de abril de 2009.



La guerra cibernética de los EEUU VI

Cuando los bits se visten de camuflaje VI
Cibercomandos

Carlos Del Porto Blanco
La Jiribilla






La más exótica innovación que está considerando el Pentágono permitiría entrar subrepticiamente en servidores de otros países y destruir un programa maligno, antes que esos países lo pudieran liberar en computadoras de los EE.UU. Las agencias de inteligencia estadounidenses podrían activar códigos maliciosos que estarían embebidos en chips de computadoras, posibilitando a los EE.UU. controlar de forma remota a las computadoras enemigas.
En una conferencia celebrada en junio de 2008 la nueva dirección del mando ciberespacial, no logró acuerdos sobre qué tareas debía encarar exactamente el Comando del Ciberespacio; unos decían que sus misiones debían estar enfocadas en la protección y la defensa del Comando de la Fuerza Aérea y sus tareas de control, otros que en el control de la defensa y el ataque en el ciberespacio, otros consideraban que solo debían asumirse tareas relacionadas con las redes de computadoras, y un último grupo, planteaba que debían tenerse responsabilidades con todo sistema que se relacionara con el espectro electromagnético, incluido el armamento láser, se pudiera agregar otra variante, todas las anteriormente enunciadas.
En octubre del 2008 la Fuerza Aérea anunciaba que alinearía sus misiones nucleares bajo un nuevo comando nuclear y que cancelaba los planes para establecer el Cibercomando. Los líderes de la Fuerza Aérea decidieron que las ciberoperaciones quedarían bajo el control del Comando de la Fuerza Aérea y Espacial en lugar de crear una nueva estructura.
Durante unos juegos de guerra en el 2008 los altos oficiales de inteligencia quedaron sorprendidos por las vulnerabilidades encontradas, que permitirían desactivar las grandes plantas generadoras de electricidad. Otro juego de guerra llevada a cabo por el Departamento de Seguridad de la Patria en marzo de 2008 y llamado Cyber Storm II, simuló un gran ataque coordinado contra los EE.UU. el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda (qué casualidad, los mismos participantes en Echelon), aquí se estudio la destrucción de plantas químicas, líneas de ferrocarril, oleoductos, gasoductos y redes privadas de computadoras. Las conclusiones fueron que cuando el ataque es global las repercusiones económicas potenciales se incrementan de manera exponencial. En enero del 2010 el periódico The New York Times informaba de la realización de otro ejercicio de ciberguerra en el Pentágono; este terminó en confusión y parálisis. No se supo de donde provenía el ataque, quien lo realizó y si se contaba con autorización legal para responder. Una conclusión a la que se llegó es que “el gobierno del país conoce las vulnerabilidades ante un ciberataque e intenta organizar las defensas”.
En abril de 2009 el Congreso discutía una legislación para acelerar las respuestas ante el incremento de las amenazas ciberterroristas. Esa legislación organizaba las respuestas de más de 40 agencias gubernamentales relacionadas con esos asuntos, con el fin de evitar un ciberhuracán Katrina. También se comienza a hablar de la figura del zar del ciberespacio, pintoresca figura de la política estadounidense, de los que ya existen el de las drogas, de la propiedad intelectual y de la inteligencia. Este personaje entre otros atributos, es miembro del Consejo de Seguridad Nacional y tendría acceso directo al presidente.
En esa misma fecha se daba a conocer que el Pentágono había gastado más de 100 millones de dólares desde octubre de 2008 combatiendo los ataques de Internet. “Lo importante es que reconozcamos que estamos bajo la amenaza de ataques muy sofisticados con ciertos elementos criminales”, apuntó el General Kevin Chilton. Durante el 2008 hubo que desconectar 1500 computadoras a causa de ataques y además se prohibió el uso de dispositivos externos por su capacidad de propagar programas malignos.
El gobierno de Barak Obama al llegar al poder estudió la posibilidad de crear el cibercomando. El mando militar complementaría el esfuerzo civil que el presidente tenía previsto anunciar en mayo del 2009 y que renovaría la forma en que los EE.UU salvaguardan sus redes informáticas. Citando fuentes del gobierno, el The New York Times informaba que el presidente detallaría la creación de una oficina en la Casa Blanca que coordinaría un esfuerzo multimillonario para restringir el acceso a las computadoras del gobierno y proteger los sistemas de control de tráfico aéreo. El periódico añadía que esa oficina sería responsable de coordinar el sector privado y la defensa gubernamental contra los miles de ciberataques registrados en el país, principalmente por hackers y ocasionalmente por gobiernos extranjeros. El diario planteaba que el país tenía ya un número creciente de armas cibernéticas en su arsenal y debía elaborar estrategias para su uso como fuerzas disuasorias o junto con armas convencionales en una amplia variedad de posibles conflictos en el futuro.
Ese comando estaría liderado por un general de cuatro estrellas y podría formar parte del Comando Estratégico del Pentágono, el candidato que más probabilidades tenía de ser nombrado era el teniente general Keith B. Alexander, en aquel entonces director de la NSA. La decisión de crear el nuevo cibercomando podría ser una respuesta de los creativos chicos del Pentágono al número creciente de amenazas, reales y supuestas, que persiguen a las redes militares y a sus sistemas. Un ejemplo de esto se hizo público en abril de 2009 cuando la prensa publicó que unos hackers robaron, de computadoras del Pentágono, varios terabytes de información relativos al diseño del futuro avión de combate Joint Strike Fighter, F-35, en cuyo desarrollo se invertían 300 mil millones de dólares por los EE.UU. y el Reino Unido.
Obama reveló que tanto él como su entorno habían sido víctimas de delitos informáticos. “es de sobra conocida la importancia que tuvo la red durante mi campaña, lo que muchos no saben es que hubo hackers que intentaron entrar en nuestros sistemas de computadoras”. Obama subrayó que la amenaza que representaba el ciberespacio es uno de los retos “más serios” a los que se enfrentaban los EE.UU. tanto en el plano económico como en asuntos de seguridad nacional, también planteaba que “el ciberespacio es real al igual que los riesgos a él asociados”, “desde ahora nuestra infraestructura digital será tratada como un activo estratégico”.
El director ejecutivo del Cyber Secure Institute, Rob Housman celebraba en esa fecha el anuncio del Presidente porque demostraba un nivel de compromiso sin precedentes con un asunto tan crucial como la ciberseguridad del país.
A finales de mayo de 2009 se anunciaba por el presidente Obama el futuro nombramiento del secretario para la ciberseguridad, dando pasos en los esfuerzos por mejorar la protección de las redes de computadoras del país. La Casa Blanca apuntaba que en los días subsiguientes se crearía formalmente el nuevo cibercomando. En esa misma intervención se hizo público un informe que recogía los hallazgos de una investigación sobre ciberseguridad que serviría de base para la lucha del gobierno contra los delitos informáticos y el robo de información confidencial, en este se afirmaba que la protección informática debía ser una “prioridad nacional”, “el ciberespacio es un mundo del que dependemos cada día”, “un espacio real como lo son los riesgos que le acompañan”. La confección del informe fue liderada durante 60 días por Mellisa Hathaway, funcionaria de la administración Bush y nombrada en febrero de 2009 por Obama como directora en funciones para cuestiones relacionadas con el ciberespacio, fue en ese momento que el Presidente le pidió que examinara como los distintos esfuerzos de seguridad federal podrían alinearse de una mejor forma para defenderse de las amenazas para las que fueron diseñados, ese informe se completó en abril de 2009.
En esa intervención Obama aclaraba que la intención de su administración no era dictar los estándares de seguridad de las compañías privadas, “llevamos demasiado tiempo fallando en la protección de nuestras redes”, advertía, después insistía en que el gobierno no estaba todo lo preparado que debía para hacer frente a esa nueva realidad, en un país donde en el año 2008 se registraron unos 72 mil ataques. El Departamento de ¿Defensa? detectó 360 millones de intentos de penetración en las redes durante el 2008, en los primeros seis meses del 2009 este departamento había gastado cien millones de dólares reparando los daños derivados de esos ataques.
Entre los nombres que se citaban como posibles candidatos para obtener el titulo nobiliario de Ciber Zar, el se encontraban la propia Hathaway y Paul Kurtz, anterior asistente especial del presidente Bush y director senior para la protección de infraestructuras críticas del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.
En una conferencia de seguridad celebrada en abril de 2009, Hathaway dijo que la Casa Blanca por sí sola tenía suficiente perspectivas e influencias para obligar a las agencias gubernamentales a realizar los cambios necesarios para aumentar la seguridad. “Proteger el ciberespacio requiere una visión y un liderazgo más sólido y exigirá cambios en la política, la tecnología, la educación y, quizá, en las leyes”. Hathaway dijo, basándose en su informe, que el gobierno federal no estaba organizado para enfrentar las amenazas del ciberespacio y que las responsabilidades sobre el espacio cibernético estaban diseminadas entre muchos departamentos con muchas misiones y autoridades que se solapaban. En agosto de 2009 Hathaway rechazaba su posible designación como Zarina de ciberseguridad alegando razones personales.
Eran muchos los que criticaban la falta de una estrategia nacional para proteger los intereses de EE.UU. en el ciberespacio contra el creciente nivel de amenazas nacionales e internacionales. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) era el encargado de coordinar los esfuerzos para proteger las infraestructuras privadas y gubernamentales de los ataques de Internet, pero la agencia había sido duramente criticada por su falta de directrices y por ser demasiado débil a la hora de llevar a cabo un cambio en todo el gobierno.
Todo esto ocurría como parte de lo que muchos analistas consideraban un intento de la NSA de arrancarle el liderazgo en cuestiones de ciberseguridad al DHS y a otras agencias civiles. Esa posibilidad surgió en marzo del 2009 cuando Rod Beckstrom, director del Centro de Ciberseguridad Nacional (NCSC) dimitió por lo que calificó de dominio de la NSA en políticas de ciberseguridad nacional. Esas declaraciones llevaron al director de la Agencia, teniente general Keith B. Alexander, a anunciar en abril de 2009 que la NSA no tenía ningún deseo de dirigir la ciberseguridad en nombre del gobierno federal y que solo quería asociarse con el DHS para el desarrollo y aplicación de ciberdefensas para las redes gubernamentales y militares.
Entre las medidas que adoptaría la Casa Blanca para mejorar la seguridad cibernética, el Presidente señaló un aumento de la cooperación con los aliados, así como una campaña nacional para concientizar los peligros en este campo. También anunció que se nombraría a un responsable de la lucha contra la delincuencia informática, cuya identidad se anunciaría posteriormente, ese funcionario se integraría al Consejo de Seguridad Nacional. También se anunció que se aumentaría la protección de las redes informáticas, aunque subrayó que siempre se mantendría la “neutralidad” y privacidad y en ningún caso se supervisarían las redes privadas o el tráfico de Internet.
Un reportaje publicado el 31 de mayo de 2009 por The New York Times, afirmaba que casi todas las grandes empresas militares, incluidas Northrop Grumman Corp., General Dynamics, Lockheed Martin y Raytheon Co., tenían contratos de redes con las agencias de inteligencia del ejército de EE.UU. Las dos primeras se ocupaban de la “guerra cibernética ofensiva”, que incluía robar información secreta de otros países o paralizar sus redes desarrollando herramientas desoftware aplicables una vez localizados los puntos vulnerables de sus sistemas informáticos.
El Secretario de ¿Defensa? Robert Gates aprobaba en junio de 2009 la creación del Ciber Comando Unificado con el fin de proteger a las redes militares de ciber amenazas, en un memorándum enviado a la Junta de Estados Mayores. Gates manifestó su intención de recomendar al Presidente que el nuevo comando estuviese bajo el mando del teniente general Keith B. Alexander, entonces Director de la Agencia de Seguridad Nacional, NSA, esta institución actuaría bajo el Comando Estratégico para operaciones militares en el ciberespacio.
En octubre de 2009 la consultora Input preveía que el gasto del gobierno de EE.UU. en productos y servicios de seguridad de la información pasaría de 7200 millones en el 2009 a 11 700 millones en el 2014; los gastos en Tecnologías de la Información en su conjunto, aumentarían en un 3.5% anual en ese mismo período. Gran parte del esfuerzo del gobierno en ciberseguridad estaría centrado en mejorar el monitoreo y el control en tiempo real de las redes informáticas.
En diciembre de 2009 el presidente de EE.UU nombró a Howard Schmidt, miembro del Departamento de Seguridad Nacional durante la Administración de George W. Bush, con amplia experiencia en el sector tecnológico, coordinador para la ciberseguridad, Ciber Zar. Schmidt, que estaría adscrito al Consejo de Seguridad Nacional, debería supervisar y armonizar los esfuerzos de los diferentes organismos de la Administración para prevenir ataques a las redes civiles y militares en el país, así como crear lazos entre el sector privado y público, y fomentar el desarrollo de nuevas tecnologías. En esa fecha el Pentágono estaba poniendo en marcha el cibercomando, mientras que otros organismos federales preparaban planes por separado. Schmidt, un veterano de la Fuerza Aérea y del FBI, había servido anteriormente en su carrera como Jefe de Seguridad de Microsoft y de Seguridad de información en eBay; en el momento de su designación presidía el Foro de Seguridad de la Información, que reunía a 30 grandes empresas y entidades públicas. Un funcionario de la Casa Blanca afirmó que Obama “estuvo personalmente involucrado en la selección” y que este tendría acceso directo al Presidente para temas de seguridad.
La Cámara de Representantes aprobaba por 422 votos contra 5 en febrero de 2010 un proyecto de ley, Act H.R. 4061, Acta de mejora de la ciberseguridad, que permitiría al gobierno mejorar su ejército virtual. Esa ley propuso entregar 108.7 millones de dólares anualmente por un período de cinco años a la National Science Foundation, NSF, con el objetivo de que esta otorguara becas de estudio a bachilleres y universitarios que demuestren tener el potencial y el interés de perfeccionar sus conocimientos de informática y trabajar una vez graduados en cuestiones de ciberseguridad para el gobierno. El acta también propone que se cree un fondo de casi 400 millones de dólares para que la NSF realice investigaciones que permitan conocer más sobre el comportamiento de los usuarios en Internet; para poder financiar el proyecto, el gobierno cortaría fondos a la Unidad de Ciberseguridad del Departamento de Seguridad Nacional.
Los legisladores que patrocinaron la ley plantearon que la educación y el alistamiento eran cruciales. “Las inversiones en ciberseguridad son el Proyecto Manhattan de nuestra generación”, dijo el representante demócrata por New York, Michael Arcuri; también planteó que el gobierno federal necesitaría contratar entre 500 y mil ciberguerreros cada año. “Las tropas en línea son para nosotros tan importantes como los soldados en el terreno”.


La guerra cibernética de los EEUU V

Cuando los bits se visten de camuflaje V
Operaciones en redes cibernéticas

Carlos Del Porto Blanco
La Jiribilla






Las operaciones en las redes de computadoras, CNO, se basan en la utilización de computadoras en red y el apoyo de las infraestructuras tecnológicas e informáticas por parte de organizaciones militares y civiles, se utiliza para atacar, engañar, degradar, interrumpir, negar, explotar y defender infraestructuras e información electrónica. Según la Doctrina, “el incremento en la dependencia de las computadoras y redes por parte de fuerzas militares no sofisticadas y grupos terroristas para pasar información confidencial, refuerza la importancia de este tipo de operaciones en los planes y actividades de las operaciones de información. Mientras que las capacidades de las computadoras y el rango de su empleo se incrementan, nuevas oportunidades y puntos vulnerables se desarrollarán. Esto ofrece oportunidades para atacar y explotar las debilidades de los sistemas de computadoras de un adversario”.
El 6 de abril de 2006 Robert Elder Jr. dijo a la publicación USA Today que el objetivo fundamental del nuevo ejército era “desarrollar estrategias militares que permitieran interrumpir el sistema de comunicación enemigo” y que las capacidades ofensivas de ese Comando han mejorado notablemente desde el comienzo de la guerra en Iraq, cuando “se emplearon ataques rudimentarios por parte de los EE.UU., como saturar los sistemas iraquíes y el uso de ataques por red para evitar la comunicación de las unidades terrestres entre sí”.
En junio de 2006, la ley que invalidaría la llamada “neutralidad en Internet” llegó hasta el Senado, después de ser aprobada por la Cámara de Representantes y apoyada con entusiasmo por el Departamento de ¿Defensa? Se estaba a las puertas de que cada empresa, grupo o individuo, además de los países que EE.UU. decidiera sancionar, debieran pagar un peaje por cada megabit de conexión a la red. Eso introduciría en la práctica dos nuevas reglas que hasta ese momento no estaban reguladas por la legislación norteamericana:
1. Todo el acceso a Internet estaría regulado, y no serían los consumidores, sino el gobierno, quien escoja qué es mejor para ellos en la Red.
· El gobierno, a través de unas pocas compañías de telecomunicaciones, regularían o agregarían impuestos al contenido de la red o al comercio en ella.
2. Imponer los sistemas con programación de código propietario, que permitiesen mayor control del mercado y de los individuos.
En ese período se vivió una verdadera agitación mundial desde que el Comité del Senado aprobó un proyecto de ley que permitió realizar investigaciones electrónicas sin control judicial a los norteamericanos; el 17 de agosto de 2006 una jueza federal de Detroit ordenó detener esas investigaciones violatorias de la intimidad de las personas, el Secretario de Justicia, Alberto González (el mismo que aprobó las torturas en Iraq y Afganistán) continuó su cruzada para lograr controlar la información privada que almacenan los proveedores de Internet.
En septiembre de 2006, este Secretario de Justicia, exigió al Senado aprobar una ley “para obligar a los proveedores de Internet a conservar registros de las actividades de sus clientes”, reconoció que el director del FBI, Robert Muller, se había reunido con varios proveedores de Internet como: AOL, Comcast, Google y Microsoft, entre otros para que guardasen los registros por dos años.
Ya se iba perfilando que las acciones de la guerra electrónica, antes dispersas entre diez entidades del Pentágono y otros centros de inteligencia, además de la Octava Fuerza Aérea, se articularían bajo un mando único. Donald Rumsfeld planteó, “El Departamento luchará contra Internet como lo haría contra un sistema de armamentos”.
“El cambio cultural es que vamos a tratar Internet como un campo de guerra, y vamos a concentrarnos en él y darle prioridad para acciones en el ciberespacio y acompañarlas si es necesario con acciones en el espacio aéreo y terrestre”, dijo Robert, Bob, Elder Jr. en una conferencia de prensa organizada en octubre de 2006 en el Pentágono.
Además del Ejército del Ciberespacio, EE.UU. creó en el año 2006 nuevas estructuras para fortalecer los servicios de inteligencia que se nutrirían a través de la Red. Esos grupos interagencias, subordinados al Departamento de Estado, tendrían la capacidad de convocar tanto a expertos del gobierno como investigadores privados y cibermercenarios. El FBI, por ejemplo, contaba con la colaboración de un grupo de piratas informáticos denominado “Cult of Dead Cow”, creadores de herramientas de administración remota.
El Secretario de la Fuerza Aérea Michael W. Wynne anunciaba oficialmente en septiembre de 2007 el establecimiento provisional del Comando del Ciberespacio, AFCYBER (P) en la base de la Fuerza Aérea de Barksdale, Louisiana, durante un acto celebrado en el Pentágono por el aniversario 60 de la Fuerza Aérea. Este fue un paso más en la preparación de operaciones en el ciberespacio, el tamaño y localización final no fueron especificadas. Ese comando contaría con una plantilla de 25 mil personas involucradas en guerra electrónica y defensa de redes. Según el Secretario Wynne, “El ciberespacio es un dominio para proyectar y proteger el poderío nacional, con operaciones estratégicas y tácticas”.
El 23 de abril de 2008 se anunciaba la convocatoria al II Simposio Ciberespacial de la Fuerza Aérea que tendría lugar del 17 al 19 de junio en Massachusetts, siendo uno de sus objetivos “el control cibernético” y “avanzar en el dominio de ese nuevo territorio de guerra, como mismo controlamos el espacio aéreo”.
La Visión Estratégica del Comando del Ciberespacio de la Fuerza Aérea detallaba las posiciones y el alcance operacional del comando. El control del ciberespacio se consideraba un elemento fundamental para la seguridad Nacional. Esto fue estructurado con claridad en la Valoración de Amenazas Nacionales para el 2008 del Director de Inteligencia Nacional ante el Comité de Servicios Armados.
La supremacía en el ciberespacio se consideraba crítica en todos los dominios de operaciones y estratégicos. Ese nuevo comando se encontraba en proceso de adquisición de un conjunto de capacidades que crearían las opciones flexibles para el personal encargado de la toma de decisiones en el gobierno y el ejército. Entre las capacidades que buscaba el cibercomando se encontraba las siguientes, aunque no se limitaba solo a ellas:
· La habilidad de evitar a los adversarios.
· La habilidad de negarle a los adversarios el acceso a las operaciones.
· La habilidad de interrumpir a los adversarios.
· La habilidad de engañar a los adversarios.
· La habilidad de disuadir a los adversarios.
· La habilidad de vencer a los adversarios.
Esto se desarrollaría a través de una seria de capacidades ofensivas y defensivas, destructivas y no destructivas, letales y no letales que se estaban desarrollando y desplegando dentro del cibercomando.
Un ejecutivo de la poderosa y super secreta Agencia de Seguridad Nacional, NSA, aseguraba “Este es un momento crítico para los EE.UU., nuestro país, nuestra sociedad, nuestra economía y nuestros negocios todos dependen considerablemente de la conectividad a Internet. El fracaso no es una opción y la Casa Blanca y el Congreso lo saben. Nosotros debemos abordar las amenazas que vienen del ciberespacio”.
Por esa fecha el Coronel Charles W. Williamson III, de la Agencia de Inteligencia, Espionaje y Reconocimiento de las Fuerzas Aéreas de los EE.UU. publica en la revista Armed Forces Journal el artículo, “Carpet Bombing in Cyberspace” en el que se dice:
• “Los EE.UU. necesitan (…) la creación de una red robótica de la fuerza aérea y el ejército, capaz de dirigir volúmenes de tráfico gigantescos hacia las computadoras objetivos a fin de que no puedan comunicarse más entre sí e inutilizarlas para que nuestros adversarios solo cuenten con un amasijo de metal y plástico. Los EE.UU. necesitan tener la capacidad de realizar bombardeos prolongados y sistemáticos en el ciberespacio”.
• Norteamérica necesita la capacidad de una gran alfombra de bombas en el ciberespacio para crear la disuación que nos falta.
• En este ámbito al igual que en cualquier escenario de guerra, no hay lugar para aficionados.
• Si quieren pelear con nosotros en el ciberespacio, estamos dispuestos a llevarles allí el combate también.
• Obviamente los EE.UU. buscarán aliados, pero podríamos estar en condiciones de lanzar un ataque contra una nación que hemos jurado proteger.
Pero la vida real no es miel sobre hojuelas para los émulos de Rambo, ni tampoco las cosas les salen tal y como en los victoriosos guiones hollywodenses, que injusta es la realidad con estos señores, resulta que en el año 2005 fue enviado a Taiwan desde una base militar en Wyoming, un cargamento de baterías para helicópteros; sin embargo, en realidad lo embarcado eran componentes de misiles, imagínese el escándalo, y el 30 de agosto de 2007 un bombardero B-52 partió de la base aérea de Minot, Dakota del Norte, y durante más de tres horas y media recorrió todo el territorio estadounidense de norte a sur, aterrizando en la base aérea de Barksdale, Louisiana, cuando los técnicos de tierra fueron a atenderlo se percataron de que estaba artillado con seis misiles crucero (W80-1) portadores de cinco ojivas nucleares con una potencia de 5 a 150 kilotones. Y entonces se armó la gorda.
Esos dos escándalos provocaron movimientos en la máxima jerarquía de la Fuerza Aérea. La nueva jefatura cuando realizó el análisis de las tareas asignadas y a partir de los cambios geoestratégicos que se habían originado a nivel internacional decidió a mediados del 2008 “suspender” la reorganización que se estaba produciendo en lo concerniente a misiones en el ciberespacio.
Por esa fecha las fuerzas norteamericanas pusieron señuelos a miembros de Al Qaeda para que cayeran en una trampa, hackearon algunas de sus computadoras y alteraron información, provocando que éstos fueran justo a donde las armas estadounidense los esperaban.
George W. Bush ordenó nuevas vías para detener el progreso en el desarrollo nuclear iraní y se aprobó un plan para un programa experimental secreto que buscaba averiar las computadoras y, por tanto, socavar el proyecto. ¿Recuerda el lector lo ocurrido a mediados de los años 80 en el oleoducto transiberiano?, la más colosal explosión no nuclear e incendio jamás visto, originada a partir de un troyano insertado en las aplicaciones informáticas que lo controlaban. ¿Cualquier semejanza será una coincidencia?
El Secretario de ¿Defensa? durante una parte del segundo mandato de Bush y a quien Obama mantuvo, Robert Gates, creó el National Cyber Range, una réplica de la Internet del futuro altamente clasificada, el objetivo es simular que podrían hacer los adversarios de los EE.UU. para desarticular las redes eléctricas, las telecomunicaciones y los sistemas de aviación del país o detener los mercados financieros, todo esto con vistas a mejorar las defensas contra ataques de ese tipo, así como a la creación de una nueva generación de armas en línea. Esa nueva Internet se le encargó a un grupo de contratistas entre los que aparecían, BAE Systems, el laboratorio de física de la universidad John Hopkins y Sparta Inc. La Agencia de Seguridad Nacional, NSA, ya tiene una versión más pequeña de algo similar, en Millersville, Maryland. En resumen, Cyber Range es en la era digital, lo que el Atolón Bikini fue en la era nuclear. Pero las pruebas en ese atolón demostraron al mundo el imponente poder destructivo de las bombas de hidrógeno, el riesgo del intercambio nuclear era demasiado alto. En el caso de los ciberataques, el resultado puede variar desde una molestia hasta la devastación.